
Cómo limpiar las persianas por fuera sin desmontarlas
No hace falta descolgar nada ni asomarse por encima de la barandilla. Con la persiana bajada del todo el trabajo se hace desde dentro de casa, lleva unos veinte minutos por hueco y la mitad del resultado está en las guías.
- Mantenimiento · 7 min de lectura
- Actualizado el 7 de agosto de 2026
- Escrito por quien repara persianas a diario
Tres suciedades distintas y solo una se quita con agua
Lo que se acumula en la cara exterior de una persiana no es una sola cosa. Está el polvo seco, que sale con un cepillado y no necesita nada más.

Está el rastro graso de la contaminación y el humo, que es el que deja esa película gris que se resiste al trapo húmedo y sí pide jabón. Y están los restos orgánicos: polen, insectos, tierra de las macetas de arriba y excrementos de ave, que son ácidos y sí conviene quitar pronto porque marcan el lacado.
Distinguirlos ahorra trabajo. Pasar una bayeta mojada sobre polvo seco lo único que hace es convertirlo en barro y meterlo en las juntas entre lamas. Por eso el orden que seguimos como persianista en Burgos es siempre el mismo: primero en seco, después con agua.
En Burgos hay dos momentos naturales para hacerlo. A finales de marzo, cuando se acaba la temporada de calefacción y la fachada lleva meses recibiendo hollín y humedad; y a mediados de septiembre, después del polen y de los insectos del verano y antes de que empiecen las heladas, que es lo que convierte una suciedad blanda en una costra.
Antes de nada: distingue suciedad de avería
Conviene separar las dos cosas, porque se confunden mucho. Una persiana que está sucia se ve mal pero sube igual. Una persiana que va dura, chirría, se engancha por un lateral o se para a media altura no tiene un problema de limpieza: tiene la polea seca, la guía deformada o una lama fuera del carril.
La diferencia importa porque limpiar no arregla nada de eso, y en cambio insistir sube el riesgo de descolgarla. Si tu caso es el segundo, el diagnóstico rápido está en la guía de las averías que impiden subir la persiana.
Dicho eso, hay un caso mixto muy común: la persiana empieza a costar por culpa de la arenilla acumulada en la guía. Ahí sí, limpiar es la reparación.
El método: por tramos, de arriba abajo y en dos pasadas
La idea es aprovechar que la persiana se puede detener a cualquier altura. En lugar de intentar alcanzarlo todo de una vez, se trabaja el tramo que queda a la altura de la mano y se va bajando el conjunto poco a poco.

Por qué se trabaja por tramos
La persiana se puede parar donde quieras, y esa es toda la técnica: en vez de estirarte para llegar arriba, bajas el conjunto entero, limpias el palmo que tienes delante y lo subes un poco. Nunca hay que apoyarse en el alféizar ni sacar medio cuerpo por la ventana.
Además tiene una ventaja de resultado: cada tramo se aclara y se seca antes de que el jabón se agarre, así que no quedan cercos.
Paso 1 — en seco. Con la persiana bajada del todo, cepilla la cara exterior de arriba abajo con un cepillo de cerda suave o la brocha del aspirador. Insiste en la junta entre lamas, que es donde se aloja el polvo. Todavía no ha entrado agua.
Paso 2 — jabón. Agua templada con un chorro de jabón neutro o lavavajillas. Microfibra bien escurrida, nunca chorreando: el agua que cae por dentro del carril arrastra suciedad al mecanismo. Se limpia el tramo accesible por las dos caras, se aclara con una segunda microfibra solo con agua y se seca en el momento.
Paso 3 — subir un palmo y repetir. Sube el conjunto unos treinta centímetros y vuelves a tener tramo limpio a la altura de la mano. Cuatro o cinco repeticiones cubren una ventana normal sin subirse a nada.
El secado no es opcional. Dejar humedad en las juntas es lo que produce esas manchas blancas de cal en las lamas oscuras y lo que oxida los herrajes de una persiana de madera.
Las guías son la mitad del trabajo
La cara vista es lo que se ve; la guía es lo que hace que la persiana funcione. En el canal lateral se deposita una mezcla de polvo, arenilla y restos de insecto que acaba compactada, y es la causa silenciosa de que un conjunto empiece a ir duro sin que nadie sepa por qué.
Se limpia con la persiana subida del todo, para tener el carril libre. Un pincel fino o el tubo estrecho del aspirador sacan lo grueso; después, un paño con agua jabonosa enrollado en una espátula fina llega al fondo del canal. Se seca y ya está.
El remate es lo que más se nota al día siguiente: un pulverizado de silicona en el interior de las dos guías, poco y repartido. La silicona lubrica sin quedarse pegajosa. Después de esto una persiana que iba justa suele subir claramente más suave.
Si aun con las guías limpias el conjunto sigue costando o suena, lo que hay debajo ya es mecánico: casi siempre una polea con el cojinete agarrotado, que además va comiéndose la cinta cada vez que la persiana sube.

Qué admite cada material y qué lo estropea
Aquí es donde se hacen los destrozos caros, y casi siempre con buena intención. El resumen es corto: jabón neutro para todo, y nada de disolventes, amoniaco ni estropajo.
| Material | Con qué se limpia | Qué lo estropea |
|---|---|---|
| Aluminio lacado | Agua templada con jabón neutro y microfibra | Estropajo abrasivo, disolvente, amoniaco |
| PVC | Agua con jabón neutro; para el amarilleo, agua y bicarbonato en pasta | Lejía, acetona, limpiacristales con alcohol |
| Madera y alicantina | Paño apenas húmedo y secado inmediato; lasur cada 4-6 años | Mojarla a chorro, cera de muebles, barniz sobre madera húmeda |
| Guías de aluminio | Aspirador, paño jabonoso y silicona en espray al terminar | Aceite, grasa espesa, WD-40 como lubricante permanente |
| Lama de acero (seguridad) | Jabón neutro y secado; revisar puntos de óxido | Rascar el óxido en seco sin repasar después con antióxido |
La regla que cubre los cuatro casos: si un producto desengrasa un horno, no toca una persiana. Y si tienes dudas con un color oscuro o un lacado, prueba primero en la lama de abajo del todo, que es la que menos se ve.
Cinco cosas que no hay que hacer nunca
Hidrolimpiadora o manguera a presión. Es la más frecuente y la que más avisos nos genera. El agua a presión entra en el cajón, moja el tambor y el recogedor, arrastra suciedad al eje y, en persiana motorizada, puede alcanzar el receptor. Además desalinea lamas ligeras de PVC.
Estropajo verde o cepillo metálico. Raya el lacado del aluminio y, una vez rayado, la lama se ensucia mucho más rápido porque la superficie deja de ser lisa.
Lejía y amoniaco. Decoloran el PVC y atacan las juntas y los tapones de los extremos de lama.
Aceite o grasa espesa en las guías. Alivia dos semanas y luego forma una pasta con el polvo que agarrota el carril más de lo que estaba. Silicona, siempre.
Limpiar a pleno sol de agosto. El jabón se seca antes de aclararlo y deja cerco. Primera hora de la mañana o última de la tarde.

Cada cuánto y cuándo esto ya no es limpieza
Dos veces al año en fachada normal y tres si vives en planta baja, junto a una obra o con jardín delante. Las guías, con una vez al año basta si se hace bien.
Una persiana que se limpia dos veces al año no dura más porque esté limpia: dura más porque al limpiarla se ven a tiempo la cinta deshilachada y la guía abollada.
Hay un punto a partir del cual limpiar deja de dar resultado y conviene saberlo antes de perder la tarde. Si la lama de PVC está blanquecina y quebradiza, no está sucia: está cristalizada por el sol y se partirá sola al subirla. Si la de madera ha perdido el barniz y absorbe agua, lo que pide es lasur, no jabón.
Y en vivienda con muchos huecos, comunidad o local, hacerlo hueco a hueco cada temporada deja de tener sentido. Esa limpieza, con el engrase de guías y la revisión del cajón en la misma visita, es justo lo que cubre el mantenimiento periódico de persianas: se hace una vez, se hace entero y no se vuelve a pensar en ello hasta el año siguiente.
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